No creo en ti Dios mio con la certeza de un santo.
Mi fe es débil; duda; calcula.
No creo en ti Dios mio con la monotonía de un religioso.
Mi fe es inquieta; pregunta; se expande.
No creo en ti ¡Oh mi Dios! con la fe de un niño.
He crecido y mi fe, a veces, es cínica.
Creo en ti temblando; entre comillas,
Con la certeza que tiene un ser pequeño en
que debe existir alguien mucho más grande.
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