lunes 7 de junio de 2010

Cuenta cuentos: Diferencias

La frase de la semana en cuenta cuentos era: "Había convertido en batuta la cucharilla de café"

Más y mejores historias con la misma frase en www.elcuentacuentos.com


Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás.


Había convertido en batuta la cucharilla del café. Hacía ya varios años se había acostumbrado a hacer las cosas de una manera diferente a la de los demás. Se había acostumbrado, y hecho inmune, a las críticas, los rechazos, las miradas de reojo y los comentarios mal intencionados.

Solía llevar los pantalones holgados aun cuando todas las revistas dictaban que: “el verdadero hombre, el macho alfa sexual, utilizaba pantalones ceñidos”. Leía por las noches cuando todos los demás devoraban habidos el último teleculebron. Cuando iba a algún bar solía pedir leche de soya, pocas veces encontró algún bar que tuviera aquella bebida, pedía entonces en su lugar un colado de piña –Sin alcohol, por favor- solía añadir ante la mirada atónita del camarero.

Corría todas las mañanas en un pequeño y ruinoso campo de fútbol. Dos o tres personas más solían acudir al mismo lugar para hacer sus trotes vespertinos. Todos corrían medio dormidos, medio despiertos, en sentido contrario a las manecillas del reloj dando vueltas y vueltas. Él decidía entonces correr en el sentido de las manecillas y darle un balance a aquella caótica situación. Más de uno de miraba extrañado y se solían contar extrañas historias de él.

Se había acostumbrado a que lo tildaran de loco, paría, antisocial. Algunas veces pensaba que tenían razón. Ya no le importaban las miradas despectivas de las chicas guapas a las cuales solía sonreír. Cantaba en voz alta a veces sin darse cuenta. También se había acostumbrado a que le sacaran de restaurantes u otras locaciones. –Su conducta molesta a la clientela- solía ser la excusa, él simplemente se encogía de hombros y se iba o le sonreía a alguna chica guapa, levantaba un sombrero imaginario para saludarla y salía cantando la canción.

Por eso le extrañaba que aquella tarde nadie se le hubiera acercado a decirle nada. Había convertido en batuta la cucharilla de café. Tocó dos veces la mesa para llamar la atención de las tazas de té, café, mocca, capuccino y leche. Todas voltearon al unisonó y empezaron a cantar una extraña canción en un extraño idioma. Todas bailaban y se movían de forma extraña haciendo temblar algunas mesas. El canto de las tazas se veía opacado en ocasiones por los gritos de la gente espantada al ver sus tazas cobrar vida.

Él dirigía gustoso y sonreía. Los tenedores, cuchillos y cucharas se unieron al baile y al concierto. Los cuchillos tenían voces afiladas y finas que era una delicia escuchar, mientras que las tazas cantaban con una voz de tenor impresionante.

Aquella tarde nadie se acercó a sacarle del local. Pasado el susto inicial se había formado un círculo alrededor de los extraños cantantes y el loco que agitaba una cucharilla de café a modo de batuta. Tenía los ojos cerrados y disfrutaba la música, el sonido, la vibración de las cucharas al cantar. Terminó la canción. Bajó la batuta. Abrió sus ojos y vio a su alrededor. Decenas de personas que en cualquier otro caso se hubieran burlado de él le aplaudían atronadoramente. Había conseguido lo imposible. Había visto el mundo a su manera y aquel mundo le sonreía.

5 comentarios:

Sara dijo...

Muy bonita historia, empieza como cualquier historia normal y cotidiana, y termina llena de magia.
Un saludo.

Paula dijo...

Todos deberiamos dejar que los demás vieran el mundo a su manera en vez de criticar siempre al que corre en sentido contrario.
Yo siempre me fijo en las personas "distintas", me llaman la atención. Y casi siempre tienen todos en común que son felices, somos los demás los que nos empeñamos en no dejarles serlo.

*Sechat* dijo...

Me ha gustado mucho, comienza con magia y la persona calificada de "rara" por fin capta miradas de aprovación. Me ha gustado mucho de verdad. Un abrazo.

Carlos dijo...

Una historia con gran contenido social, que refleja muy bien la paradoja de un mundo que busca alternativas a lo global y a la vez se ampara en la masa frente a lo diferente.
Me ha gustado el recorrido del personaje por distintas situaciones, no renegando nunca ante el rechazo y como logra ganarse el mundo al final.
Y era probablemente quien mejor se sentía siendo uno mismo.

Un abrazo

Sara dijo...

Es que los "locos" son mi debilidad... ;) Y a mi me parece que éste estaba bien cuerdo, eh?